La celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos invita este año a volver la mirada hacia quienes viven la experiencia de la movilidad humana, especialmente hacia la niñez migrante. Un tema que el Papa León XIV ha querido poner en el centro de nuestra reflexión con el lema “Incluso uno solo de estos pequeños” (Mt. 18,10). Desde la misión que las Hermanas del Ángel de la Guarda realizamos en la Casa del Migrante Scalabrini de El Salvador, esta llamada se hace vida a través de la acogida, el acompañamiento y la defensa de la dignidad de cada persona migrante.
A continuación, compartimos dos testimonios complementarios que nacen de una misma experiencia.
“Incluso uno solo de estos pequeños” merece un espacio seguro donde sus sueños puedan echar raíces -Papa León XIV
Por Hna. Lorena Hernández
Celebrar la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026, centrada de manera especial en la niñez, me llena el corazón de alegría al vivir muy de cerca la experiencia de acompañar la vida de muchos hermanos y hermanas que han tenido que migrar de sus países por las realidades de violencia, políticas, económicas y en la búsqueda de mejores oportunidades de vida a nivel personal y familiar.
El lema: “Incluso uno solo de estos pequeños” me hace recordar mi propio camino, un largo viaje que emprendí al salir de mi querido México e ingresar a Estados Unidos de manera irregular, cuando yo apenas era una adolescente. Una historia que marcó mi vida y en la que no dudo que la presencia del Dios de la misericordia, junto a su madre. Me fue sosteniendo al enfrentar los múltiples riesgos que se sufren durante la travesía y la angustia que experimenté al no estar documentada, así como la incertidumbre de ser retornada.
Desde esa experiencia, mi fe y fortaleza interior acrecentaron mi deseo de búsqueda y servicio a los hermanos y hermanas más vulnerables. Es así como mi opción de vida me ha llevado a estar más sensible y atenta en el acompañamiento y atención a quienes necesitan mayor protección y acogida.
Una de las experiencias realizadas en atención a esta población fue en el Albergue de Migrantes “Hermanos en el Camino”, en Ciudad Ixtepec, Oaxaca, México, durante cinco años. Actualmente, como Hermanas del Ángel de la Guarda brindamos el servicio de acompañamiento en la Casa del Migrante Scalabrini El Salvador, un espacio donde acogemos a personas provenientes de Cuba, Chile, Ecuador, Venezuela, Guatemala, Nicaragua, Honduras, México y El Salvador.
Es una misión compartida que realizamos a nivel intercongregacional, interreligioso e interinstitucional. Cada uno ofrece su don al servicio del bien común, buscando que nuestros hermanos y hermanas migrantes se sientan reconocidos en su dignidad y respetados en sus derechos.
A través de un trabajo articulado con diversas organizaciones e instituciones, la Casa del Migrante Scalabrini brinda una atención integral a las personas migrantes, ofreciendo acompañamiento humano, espiritual, psicosocial, médico y legal, así como acciones de protección, orientación y promoción de su dignidad y derechos.
Como Hermanas constatamos que necesitamos:
- Seguir aunando esfuerzos y tejiendo redes de solidaridad para acoger, proteger, promover e integrar.
- Impulsar una cultura del encuentro y de la hospitalidad que nos permita ser más sensibles, reconociéndonos hijos e hijas de un mismo Dios.
- Posibilitar el diálogo interreligioso y trabajar por la dignidad y protección de los más vulnerables.
- Formarnos continuamente en la atención y acompañamiento a esta población.
Como Hermanas del Ángel de la Guarda velamos de manera especial por cada niño, niña y adolescente para que, como nos recuerda el Papa, “sus sueños puedan echar raíces”.
«Una presencia que acompaña y protege la esperanza«. Por Hna. Maricela Ramírez
La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR) es una invitación que la Iglesia nos hace cada año para sensibilizarnos, orar y comprometernos con la realidad de las personas en movilidad humana. En su mensaje para este año, el Papa León XIV nos recuerda de manera especial la urgencia de cuidar, proteger y acompañar a los más pequeños, particularmente a la niñez migrante, que con frecuencia enfrenta situaciones de vulnerabilidad, desarraigo e incertidumbre durante sus procesos de movilidad.
Esta llamada encuentra un eco concreto en la misión que realizamos como Hermanas del Ángel de la Guarda en la Casa del Migrante “Scalabrini” de El Salvador, liderada por la Congregación de los Padres Scalabrinianos, donde colaboramos desde hace cinco meses. Nuestro servicio busca ofrecer una atención integral a las personas migrantes, brindando acompañamiento psicosocial, emocional y espiritual, así como apoyo en las necesidades más urgentes que enfrentan.
Actualmente, se acompaña a una población de aproximadamente 105 personas provenientes de Venezuela, Cuba, Chile, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. Detrás de cada historia hay una familia, sueños por alcanzar y el anhelo de un futuro más digno para sus hijos e hijas.
Muchas de estas personas han debido abandonar sus hogares por diversas circunstancias, pero continúan caminando sostenidas por la esperanza, la fe y el deseo de ofrecer mejores oportunidades a quienes aman.
Esta realidad nos invita a tener una mirada y una escucha atenta, capaz de reconocer la dignidad de cada persona y de hacerla sentir acogida, respetada, acompañada e incluida. De manera particular, nos interpela a velar por los niños y niñas migrantes, quienes necesitan ambientes seguros, protección y oportunidades para seguir creciendo en medio de las dificultades de la movilidad humana.
En esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, renovamos nuestro compromiso de ser signo de la ternura de Dios para quienes se ven obligados a dejar su tierra. Que la llamada del Papa nos ayude a reconocer en cada persona migrante, especialmente en cada niño y niña, un rostro que merece ser protegido, cuidado y acompañado con amor, para que nunca pierda la esperanza de construir un futuro mejor.



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