El camino de la vida consagrada exige momentos de pausa, discernimiento y retorno al origen para revitalizar la respuesta al llamado de Dios. En un contexto congregacional marcado por desafíos y transformaciones, se vuelve esencial crear espacios de formación y encuentro que permitan mirar con hondura la vocación y fortalecer la vida fraterna. Después de concluir los Ejercicios Espirituales, el grupo de hermanas que vivimos la experiencia de encuentro en La Molle continuamos estos días con un espacio formativo orientado a revisitar la consagración, acompañado por David Cabrera, sacerdote jesuita y psicoterapeuta, y por la Hna. Derly Herrera, vicaria general y responsable de la formación congregacional.
Durante estos días, el taller nos permitió detenernos y reconocer el momento congregacional que atravesamos. La propuesta formativa nació de la vida misma: de nuestras experiencias, de los ritmos que vivimos y de la riqueza que cada hermana aporta al camino común.
Este enfoque nos ayudó a revisar el recorrido hecho y a valorar la importancia de seguir creciendo juntas en autenticidad, diálogo y fraternidad.
La experiencia compartida renovó nuestra esperanza. Encontrarnos con hermanas de distintos lugares, acercarnos a la realidad que cada una vive y descubrir la fuerza que nace de la diversidad cultural fue un verdadero regalo. La fraternidad fue el espacio de encuentro, cuidado y crecimiento que sostiene la misión y alienta el seguimiento de Jesús. Nos anima la capacidad de mirar nuestra realidad personal y congregacional con esperanza, manteniendo viva la posibilidad de soñarla y de seguir dando respuestas a las nuevas realidades.
En La Molle hemos vuelto a la fuente. Hemos revisitado la consagración, la fraternidad y el sentido profundo de nuestra vocación. Regresamos a nuestras comunidades con el deseo renovado de seguir ofreciendo la vida allí donde somos enviadas, confiando en que el proyecto de Jesús, centro y horizonte de nuestra consagración, continúa sosteniendo nuestro camino. Ahora, cada hermana vuelve a su continente y a su comunidad, llevando consigo la experiencia compartida y el compromiso de seguir siendo ángeles visibles allí donde la Congregación nos llama a cuidar, acompañar y anunciar.



Me parece excelente esta oportunidad, que la Congregacion ofrece a las hermanas, es un alto en el camino para examinar e interiorizar la respuesta que como consagradas están dando al llamado de entrega a Jesús en comunidad, al servicio de la humanidad. Felicitaciones Congregacion, felicitaciones hermanas
Un fuerte abrazo, Felisa
Hnas., bello encuentro, fuerte abrazo para todas y cada una.
Aquí estamos los Laicos para apoyarlas en SER ANGELES VISIBLES a donde el SENOR lleve.
Unidas!! Un fuerte abrazo!
Mis queridas hermanas que bueno pudieron vivir esa bonita experiencia en la cuna de la Congregación.
Un abrazo fraterno.
Hna Jasmari León
Un fuerte abrazo, Jasmari