Este 13 de septiembre, en la comunidad de Carabanchel, lugar entrañable que guarda tantos recuerdos compartidos, celebramos, con profunda gratitud, los 25 años de vida consagrada de la hermana Silvia. Una celebración sencilla y
sentida, vivida en familia, entre amistades y Hermanas del Ángel de la Guarda presentes físicamente y, también, unidas en la oración.
En Silvia recordamos y agradecemos a todas las hermanas que este año celebran sus bodas de plata en la Congregación. Cada una, desde su realidad y misión, ha sido -y sigue siendo- testimonio de fidelidad, entrega y esperanza. Su “sí” fiel, pronunciado con libertad y generosidad, sigue siendo hoy testimonio de entrega, esperanza y compromiso con el Reino Dios. Reflejo de una vocación que permanece viva, fecunda y comprometida.
Celebrar 25 años de vida consagrada es también renovar nuestro compromiso como Congregación. Es mirar hacia el futuro con esperanza, sabiendo que el Carisma del Ángel de la Guarda sigue siendo actual y necesario. Nuestro carisma nos recuerda que ser ángeles visibles es ser presencia que acompaña, que consuela, que guía. Es encarnar la ternura de Dios en lo cotidiano, en lo escondido, en lo que no se ve pero transforma. Desde los distintos servicios y la misión que la Iglesia nos confía, cada una encarna el carisma del Ángel de la Guarda con gestos sencillos y fieles.
Hoy damos gracias por su fidelidad, por sus vidas entregadas. Pedimos que el Ángel de la Guarda, junto con nuestros Fundadores, siga acompañando sus pasos, y los de toda la Congregación, allí donde la vida nos llama a ser presencia viva del Evangelio.
25 años de vida consagrada: el sí fiel


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