Los días 2 y 3 de febrero, la comunidad de San José de Cúcuta vivió una alegría especial con la visita de nuestras hermanas Silvia, María, Belén, Juani, Guadalupe y Leida. Fueron días de encuentro sencillo y profundo donde pudimos compartir la vida, escucharnos con calma y renovar juntas el sentido de nuestra misión.
Para ellas, esta visita tuvo un significado muy particular. Nuestra realidad era algo que conocían de lejos: habían escuchado hablar de la misión en Cúcuta, habían visto fotografías, habían leído noticias y recibido testimonios. Pero esta vez no se trataba solo de imágenes o relatos; era la oportunidad de caminar nuestros pasillos, mirar a los ojos a nuestros estudiantes y sentir de cerca la vida que aquí se construye cada día.
Durante el recorrido por nuestras sedes la principal del Colegio Santo Ángel, la sede José Eusebio Caro, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de los Ángeles pudieron acercarse al contexto que nos rodea como comunidad educativa. Cada espacio visitado les permitió comprender mejor la realidad que acompañamos y el compromiso que sostenemos con esperanza y entrega.
En cada sede se abrió un momento especial para el encuentro con los estudiantes. Las hermanas se presentaron, compartieron un poco de la misión que realizan en los países donde sirven y transmitieron la riqueza de la experiencia misionera vivida en otros lugares del mundo. Fue un intercambio sencillo, pero lleno de significado: escuchar y ser escuchadas, contar y recibir, reconocernos parte de una misma familia.
Para toda la comunidad educativa angelina, su presencia fue un verdadero regalo. Nos sentimos acompañadas y fortalecidas. La acogida alegre y la hospitalidad con que fueron recibidas reflejan el espíritu que nos caracteriza como institución y como Congregación de Hermanas del Ángel de la Guarda: una comunidad que comparte, que abre sus puertas y que vive la misión con sencillez y fraternidad.
Agradecemos profundamente su cercanía, su tiempo y la riqueza compartida. Gracias por venir, por caminar con nosotras y por mirar de cerca lo que cada día intentamos construir con esfuerzo y esperanza. Este encuentro nos dejó el corazón agradecido y renovado, recordándonos que la misión se fortalece cuando se comparte y que la fraternidad, vivida de cerca, es siempre un don.
Hermanas de la Comunidad San José de Cúcuta



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