Cada año, durante el tiempo de verano y coincidiendo con las vacaciones escolares en Europa, las Hermanas del Ángel de la Guarda eran convocadas en nuestra casa de La Molle, en Montauban.
Hoy, 14 de julio de 2026, nuevamente hemos sido convocadas un grupo de Hermanas, diecinueve en total, y aquí nos encontramos, precisamente en el aniversario del nacimiento de nuestro querido Padre Fundador, el beato Luis Ormières.
La convocatoria de cada año la hacía la Madre San Pascual, nuestra querida Madre Fundadora. Su deseo era proporcionar a las Hermanas un tiempo de descanso del intenso trabajo diario que cada una tenía asignado, dispersa por la campiña francesa. Un tiempo para compartir entre ellas el sentido de su misión y de su fraternidad; para formar una comunidad amplia y así superar la dificultad que suponía trabajar en pequeños grupos de dos o tres Hermanas. Un tiempo para gozar del silencio y de la soledad; para dedicar espacio a la oración y a la reflexión, a la convivencia, al compartir logros y dificultades, y a poner en común la vivencia de su vocación… Así eran las vacaciones de aquellas primeras Hermanas, que tanto anhelaban y esperaban este encuentro.
Este mes de julio hemos sido convocadas un grupo de Hermanas de la tercera edad, que tenemos la oportunidad de encontrarnos con objetivos muy similares. Y, aunque no estamos dedicadas plenamente a las mismas tareas, sí mantenemos una intensa actividad en nuestra misión de «Ser Ángeles Visibles». Esta misión permanece viva y sigue siendo esencial para cada hermana: acompañar.
Unas acompañan a las Hermanas más mayores, nuestras hermanas ancianas y enfermas; otras, a grupos de mujeres que necesitan ser escuchadas y comprendidas; algunas atienden a enfermos en países con pocos recursos; otras acogen a jóvenes que se cuestionan si Jesús las está llamando a seguirle; y otras desempeñan tareas que facilitan el apostolado de las Hermanas que trabajan con niños y jóvenes: convivencias, campos de trabajo, campamentos, marchas…
Los objetivos de estos días siguen siendo muy parecidos: disfrutar del silencio, vivir tiempos intensos de oración y reflexión y compartir nuestra experiencia en esta etapa de la vida que estamos recorriendo, para seguir respondiendo con gozo y esperanza a la llamada de Jesús.
Venimos de algunos de los países donde la Congregación está presente: Japón, Mali, Costa de Marfil, Ecuador, El Salvador, España y Francia. Todas llegamos con el corazón lleno de alegría y en actitud de agradecimiento porque:
- Jesús sigue estando presente en nuestras vidas y experimentamos su fidelidad a lo largo de todos estos años.
- Nos sigue permitiendo compartir el camino que cada una recorremos en la distancia, pero unidas como Hermanas del Ángel de la Guarda.
- Damos gracias por la rica experiencia de vida comunitaria vivida durante tantos años.
- Seguimos buscando una vida cada vez más coherente y abierta a la novedad del Espíritu.
- Agradecemos el momento histórico que hemos tenido la oportunidad de vivir y confiamos, con esperanza, en todo lo que está por llegar.


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