Peregrinos de Esperanza. Ángeles visibles por Roma

Ago 12, 2025 | Noticias

6 de agosto de 2023. La fecha en que el Papa Francisco, tras la Eucaristía de envío de la JMJ de Lisboa, se dirigía al más de millón y medio de jóvenes que allí estábamos e iniciaba la cuenta atrás para que comenzara toda una experiencia de peregrinación, profunda fe, renovación espiritual y encuentros con Cristo. O lo que es lo mismo, el Jubileo de los Jóvenes. 

Así fue como, dos años más tarde y con la ilusión de una mañana de Reyes, nos poníamos en camino desde Badajoz, Sevilla y Almendralejo para encontrarnos con viejos y nuevos amigos en Madrid, lugar desde el que un día de formación emprenderíamos la marcha hacia Roma en un intenso trayecto de autobús marcado por las risas, anécdotas, descansos poco activos  y rosarios. Una auténtica peregrinación. 

Como si nada, un día despertamos en la Ciudad Eterna que, engalanada con banderas de todo el mundo, nos recibía a tantísimos peregrinos reunidos por una única razón: nuestra fe. 

A partir de ese momento, lo que vivimos fue, sencillamente, extraordinario. Entre miles y miles de peregrinos, lo realmente sobrecogedor no fue el bullicio, sino el silencio cargado de significado. Ver a tantos jóvenes confesándose, reconociendo su fragilidad y su pequeñez, fue una lección de humildad en un mundo que muchas veces proclama lo contrario.

Con el alma abierta y el corazón humilde, cruzamos la Puerta Santa: paso de fe, perdón y esperanza.

Durante la vigilia en Tor Vergata, el silencio absoluto de la adoración nos envolvía. En ese espacio de reverencia, contemplar al Papa arrodillado durante más de media hora ante el Santísimo fue un símbolo poderoso de fe humilde y entrega total. Esa puesta en escena del sucesor de Pedro terminó por ser la primera gran catequesis del papado de León XIV, simplemente estando media hora de rodillas, en silencio, frente a Él.

Y luego, las palabras del Santo Padre al hablar de la amistad… un eco directo a nuestras inquietudes juveniles:

“¡La amistad puede cambiar el mundo! La amistad es un camino hacia la paz.”

Él nos recordó que, en un mundo hiperconectado muchas veces vacío, necesitamos amistades sinceras y vínculos estables que construyan esperanza verdadera.

Porque esa es la esencia del Jubileo de la Esperanza: no sólo el reencuentro con Dios en lo profundo del corazón, sino el descubrimiento de que Dios nos llama a caminar juntos, a construir historias de amor concreto y de servicio. Una promesa viva de que no estamos solos, de que la amistad, la humildad y la confesión nos unen en una esperanza que no defrauda.

Lo vimos con claridad: el Jubileo no es un evento, sino una llamada. Una llamada a volver a Dios reconociendo nuestra pequeñez, a encontrarnos en la amistad sincera, y a salir con la esperanza de que, podemos ser signos de un mundo diferente, como dice nuestro himno, un mundo más justo, más humano, más en paz.

Rodrigo Díaz

Grupo de Sevilla

“¿NO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN MIENTRAS ESTÁBAMOS CON ÉL?”

Pues sí, esta respuesta es más que clara a esta pregunta que se repetía al leer el Evangelio en la Vigilia de este Jubileo de los Jóvenes 2025. Un Jubileo cuyo significado se nos iba vislumbrando en las jornadas de preparación en la casa de las Hermanas del Ángel de la Guarda en Carabanchel (Madrid) y que no hemos comprendido realmente hasta pisar el suelo romano.

Pues sí, Dios está vivo. Dios está más vivo que nunca en el corazón de ese más de un millón de personas que nos concentramos en la Ciudad Eterna para volver a pedirle al Señor que se quedara con nosotros. Para volver a cantar, a caminar, a ducharnos con frías mangueras, ondear y ver banderas de todas partes y para volver a alabar y avivar la llama de esta Fe en el que es El verdadero Rey de la Gloria.

Quiero dar gracias a mi Familia Santo Ángel por avivar una vez más esta llama de la Fe que ellos mismos prendieron mecha con ayuda de mis padres cuando entré con tan sólo 3 años en el colegio. 

Son varias las experiencias de Fe que me han sido regaladas por Dios gracias a esta bendita Congregación y esta queda guardada especialmente en mi corazón. Ruego a Dios sepa aprovechar los frutos que traigo de esta peregrinación, que me ayude a mantener bien viva esa llama de Fe que arde en mi corazón y mantenga unido a este grupo de peregrinos que ha sido el perfecto ejemplo de comunión e Iglesia en estos días vividos en Roma.

¡Gloria a Dios! 

¡Viva el Santo Ángel de la Guarda! 

Pablo Santiago

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