El 14 de julio de 1809 nacía en Quillán el beato Luis Ormières. Toda la familia Ángel de la Guarda nos unimos para felicitarle porque su deseo de “ser ángeles visibles” hoy se sigue haciendo realidad en cuatro continentes. Las Hermanas del Ángel de la Guarda junto a los laicos, tratamos de actualizar este legado recibido.
La experiencia espiritual que marcó a Luis Ormières “cada uno hemos recibido un don para el bien de los demás”- I Cor. 7,7; 12, 7”- lo llevó inscrito en su corazón desde el inicio de su vocación y no se lo aplicó solamente a sí mismo, descubre que todos estamos llamados y debemos vivirlo. Se convirtió para él en el lema de su vida de servicio, de su entrega a los más débiles y pequeños, ser “´ángeles” para los demás, que cuidan, protegen, acompaña, guían…
Desde el primer momento manifiesta que su única aspiración es ayudar a las personas a descubrir el lugar que Dios les ha señalado en el edificio de la sociedad, a ser esas “piedras vivas”, a descubrir cada uno propio don, sus posibilidades, su vocación, su lugar en la sociedad, en la iglesia.
«La empresa es grande; porque no es un templo lo que vamos a preparar al Señor; vamos a formar hijos de Dios” (PO, Espíritu de la Casa).


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